Roles de género en la familia y el trabajo: cómo impulsar la corresponsabilidad en el cuidado


Tus hijos no son tus hijos.

Son hijos e hijas de la vida,

deseosa de sí misma.

Kalhil Gibran


La proximidad del festejo del Día del Padre en la Argentina es una buena ocasión para poner sobre la mesa el impacto de los roles de género y las formas de organización familiares en el mundo del trabajo.


Nuestro Código Civil define a la familia como el conjunto de personas físicas unidas por un parentesco, pudiéndose conformar por vínculos consanguíneos (por ejemplo, hijos/as, abuelos/as, hermanos/as); o por un vínculo constituido y reconocido legal y socialmente, como es el matrimonio o la adopción.


La conformación de las familias ha ido variando en el tiempo según las costumbres, la cultura, las creencias religiosas y la legislación de cada país, y en muchos casos, las definiciones legales han quedado obsoletas. En otros, cuando fueron actualizadas, (por ejemplo, en nuestro país, equiparando los derechos de hijos/as matrimoniales y extramatrimoniales), culturalmente hay resabios y preconceptos en relación a la legitimidad de algunos vínculos familiares.

Hoy la familia se entiende ampliamente como el ámbito donde el individuo se siente cuidado, sin necesidad de tener vínculos o relación de parentesco directa, y existen diversas formas de familia que ya no son “excepciones” a las bi parentales conformadas por parejas de distintos sexo y sus hijos.


Las familias monoparentales han crecido en las últimas décadas al igual que las ensambladas. También hoy en día las familias conformadas por parejas del mismo sexo y su descendencia cuentan con reconocimiento legal, lo cual ayuda a su plena inclusión y a contar con amparo ante situaciones de discriminación.


Frente a estas nuevas realidades, también las políticas y prácticas de las empresas merecen revisarse, y en muchos casos, se lo está haciendo. La organización de trabajo moderna en las que la vida urbana fue el eje principal y que instituyó una tajante división de los roles de género, si bien se ha ido modificando, conserva fuertes resabios. Lo productivo sigue siendo terreno principalmente masculino mientras que el hogar responsabilidad de las mujeres.


Si queremos cerrar las brechas de género existentes en el ámbito económico, uno de los puntos más críticos es la modificación de los régimen de licencia por cuidados de niños y niñas en sus primeros años. Esta no es tarea fácil, porque más allá de lo legal, involucra importantes cambios a nivel de los vínculos interpersonales, tanto laborales como familiares.


Si bien las tareas de cuidado refieren también a otros grupos que requieren de apoyo para el desarrollo de su vida cotidiana, como pueden ser los adultos mayores o las personas con discapacidad, las tareas propias que conllevan la maternidad y paternidad son un punto crítico en relación el desarrollo de carrera en las empresas.


Las tareas de cuidado de los hijos e hijas en los primeros años de vida


Estas tareas han sido asignadas históricamente a las madres de manera no remunerada y asumidas en algunos casos por otras mujeres de la familia, personas contratadas o instituciones a las que se les remunera, siendo estas decisiones fruto de las valoraciones culturales compartidas sobre quién y de qué manera se debe cuidar, naturalizándose que las mujeres son mejores cuidadoras y están biológicamente mejor preparadas para ello.


Lo que muchas veces queda desdibujado es que siempre, se paguen o no, tienen un costo para las familias, como sucede cuando las personas a cargo del cuidado se ausentan de manera total o parcial del mercado de trabajo, dejando de generar ingresos y, muchas veces, perdiendo oportunidades de desarrollo profesional.


El que la responsabilidad del cuidado recaiga principalmente en las mujeres genera en sí misma profundas desigualdades e incrementa otras existentes en lo que hace a la autonomía física, económica y política.


Los avances en la legislación que regula el mundo del trabajo y del empleo en pos de garantizar los derechos de los trabajadores y trabajadoras que se dio durante el siglo XX, implicó reconocer permisos vinculados para el nacimiento de hijos e hijas, pero fueron concebidos como privativos de la fuerza laboral femenina.

Recién a partir de los años setenta, como parte de la segunda ola del feminismo, se produce un cambio de enfoque que nace principalmente en Europa. Los países escandinavos fueron pioneros en concebir las prestaciones garantizando la igualdad de género en lo que hace a la conciliación entre la vida laboral y familiar, con medidas que extendían las licencias remuneradas para los varones más allá del plazo que se estipulaba para la recuperación física de las mujeres tras el parto.


Suecia fue el primer país en 1974 en introducir la licencia parental abierta tanto para padres como para madres, mientras que en Noruega, en 1993, se crea por primera vez una licencia exclusiva e intransferible para los padres varones de cuatro semanas, tendiente a estimular su uso ya que, cuando podía ser indistinta, las mujeres seguían siendo principalmente las que la asumían. Este cupo, poco utilizado en nuestra región, ha sido una medida clave para los logros en los países que hoy lideran en materia de igualdad de género.


A partir de medidas como esta última, adoptada luego por otros países, se incrementó el número de varones que asumen las tareas de cuidado. No obstante, en la mayor parte del planeta sigue siendo difícil modificar lo cultural, que coloca a las mujeres madres en el rol de principales cuidadoras.


Esta concepción tan arraigada en lo individual y en lo social es, desde mi punto de vista, uno de los principales factores que hacen que cerrar las brechas sea un proceso lento y difícil de lograr. Mover la aguja implica no sólo cambios en los marcos normativos. Involucra a nivel individual un fuerte trabajo sobre lo identitario, para remover estereotipos, mandatos y culpas profundamente arraigados que llevan a que la mayor parte de los seres humanos consideren que la mejor opción de cuidado, sobre todo en los primeros años de su descendencia, es la madre.