Networking: una herramienta clave para potenciar la carrera y los negocios


¿Por qué es importante?


Cuando uno trabaja en una compañía, contar con una buena red de contactos dentro de la empresa es la mejor manera de crecer hacia posiciones de mayor responsabilidad o desarrollar la carrera que se desea, ya que aumenta las posibilidades de promoción, ayuda a aprender de los demás o permite contar con apoyo para llevar adelante un nuevo proyecto. También es fundamental para reforzar la marca personal.


Para quien no tiene empleo o acaba de perderlo, la red de contactos es aún más importante ya que diferentes estudios demuestran que los contactos y referidos son la fuente principal de reclutamiento de las empresas.


También es fundamental el networking a la hora de emprender y desarrollar negocios. Muchas veces quienes emprenden sienten que no tienen tiempo para dedicar a esta tarea, tomándola como algo “extra” al negocio. Esto es un error ya es una parte central de llevar adelante el proyecto, tanto porque permite acceder a una red de ayuda especializada, a oportunidades de desarrollo o a financiamiento.


Para los dueños de empresas PyMEs el potenciar el networking con pares y redes de empresarios de otros rubros, tamaño y sector puede ayudarlos a llegar a nuevos mercados, incrementar sus clientes y obtener oportunidades de nuevos negocios.


¿Cuáles son los desafíos hoy?


Los eventos tales como cócteles, congresos, ferias, desayunos, conferencias han dejado de ser el principal ámbito para establecer relaciones profesionales con motivo de la pandemia. También los contactos informales vía “radio pasillo” o al momento de buscar un café o al iniciar una reunión han cambiado a partir de la pandemia y el crecimiento del trabajo remoto.


El hacer networking virtual tiene nuevas reglas, pero algunas de las que habitualmente utilizábamos en el presencial pueden recrearse. Creemos que a futuro, aún cuando vuelvan a tener una presencia importante los encuentros presenciales, el networking virtual va a continuar siendo una alternativa central para el desarrollo de contactos.


En ambos casos, no se trata de tener “un millón de amigos”, como decía la canción, sino los contactos adecuados para apalancar diferentes aspectos de nuestra vida profesional.


¿Cómo planificar el networking?





Frente a un desafío laboral, analizar nuestra red de contactos y desarrollar un plan de acción para buscar apoyo puede potenciar enormemente nuestras oportunidades de lograr lo que buscamos.


Un ejercicio sencillo de realizar es armar un mapa de la red de contactos e identificar a aquellas personas de nuestra red que pueden ser más relevantes para llevar adelante lo que nos proponemos. Para armarlo, la idea es partir de una rueda parecida a la “rueda de la vida”, que es una herramienta que se utiliza frecuentemente para el desarrollo personal.


El primer paso es dibujar la rueda en un papel tipo afiche o lo más grande posible. En cada parte de esa rueda anotar diferentes ámbitos en los que conozco personas dispuestas a interactuar conmigo y ayudarme (la familia, los amigos, el trabajo actual, el trabajo anterior, entre otros) y ponernos a nosotros en el eje.


El siguiente paso es recorrer cada ámbito de la rueda y anotar el nombre de las personas que pueden ayudarnos, situándolas más o menos cercanas al eje que representa el “YO”, en función del grado de cercanía del vínculo en términos de confianza.


Una vez identificados los contactos de cada ámbito, el tercer paso es tratar de clasificarlos en función del tipo de rol que pueden tener en relación con el desafío profesional que nos planteamos. Podemos elegir subrayar de un color cada tipo de contacto según el rol que puedan tener, u otra forma de identificarlos en el gráfico.


Entre los roles claves que se pueden considerar está, por ejemplo, el actuar como “sponsors” nuestros o de nuestro proyecto. En este caso se trata de personas de influencia en su ámbito de actuación que pueden recomendarnos, incentivar a que nos den la oportunidad que buscamos o brindar apoyo económico. Otras personas pueden ser buenos conectores, es decir, tener una red amplia de contactos a los que es posible acceder a través de ellas. Algunas pueden actuar como mentores, brindando acompañamiento y guía para llevar adelante el desafío, porque han pasado por uno similar, por ejemplo. Otros contactos pueden ser expertos en alguna cuestión específica y brindar asesoramiento técnico si tenemos alguna duda.


Hay diferentes maneras de clasificar los contactos. Lo importante es elegir una acorde al desafío que enfrentamos y a partir de allí analizar la red de contactos que plasmamos en la rueda.

Este análisis de la red de contactos permite contar con una foto de la situación actual en cuanto a tipo de ayuda que pueden brindar para el desafío planteado y nivel de cercanía que tenemos con esa persona para acudir en su ayuda.


A partir de ahí, siempre teniendo en cuenta lo que se busca lograr, es fundamental plantear un plan de acción. Por ejemplo, previendo a quién contactar primero o para qué tema, o ver si aún no existe suficiente confianza con un contacto clave para pedirle una ayuda específica. En este último caso, ver cómo es factible incrementar esa cercanía y confianza. Para representarlo gráficamente se pueden usar flechas que acerquen o alejen del YO en el gráfico a cada contacto según el desafío planteado.


Lo importante es comprender que la red de contactos es dinámica. Esto implica que las relaciones van cambiando en el tiempo y que pueden sumarse nuevos contactos o cambiar la relación con los existentes, de manera casual o por iniciativa propia. Lo importante es tomar una actitud activa en relación a cómo se desenvuelve la red, trabajando en potenciarla.


Para eso, la clave es entender que se trata siempre de un ida y vuelta, por lo que el estar dispuestos a brindar nuestro tiempo, conocimiento y ayuda es el ingrediente fundamental.

En este sentido, el mapa de contactos nos sirve también para pensar qué podemos brindar a las personas con que nos relacionamos en los diferentes ámbitos.


Para eso es fundamental conocer cuáles son nuestras fortalezas a nivel de competencias, contactos, experiencia, y estar dispuestos a ofrecer lo mejor de nosotros mismos para construir lazos de reciprocidad que permitan en conjunto potenciarnos.


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